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Amigos o enemigos de la dualidad

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Parto la reflexión de hoy desde la siguiente premisa: ‘somos amigos de la dualidad’. Las cosas son blancas o negras, las personas buenas o malas, los políticos líderes o corruptos,… y así un largo etcétera. ¿Por qué nos empeñamos en buscar dualidades, en polarizarnos, cuando entre el blanco y el negro existen infinitos matices de grises?
 

Buscamos en la dualidad el confort para nuestro cerebro

Foto Foto de  por the BCth vía Flickr bajo Licencia CC Atribución

 

Parece que nuestro cerebro es más vago de lo que nosotros pensamos y le resulta mucho más cómodo trabajar con etiquetas claramente definidas. En el libro ‘Pensar rápido, pensar despacio‘, Daniel Kahneman explica que existen 2 sistemas o grupos de procesos mentales. Uno dedicado a labores de mantenimiento, que está siempre encendido (o en standby) y que consume muy poca energía. Se encargaría de tareas rutinarias que ya sabemos hacer y para las que no necesitamos desplegar nuestra atención. Y un segundo sistema que normalmente está apagado (porque consume muchos recursos) y que cuando se activa es capaz de poner a funcionar todos nuestros sentidos, sistemas de análisis y cálculo (y es el que usamos para tareas más complejas).

 

El problema está en que para ahorrar recursos, el segundo sistema tiende a estar apagado la mayor parte del tiempo. Por eso cuando cuestionamos nuestras afirmaciones, lo que estamos haciendo es sacar a nuestro cerebro de su zona de confort y obligarle a replantear una dualidad, creando un estado de disconfort o  disonancia cognitiva, con la que nuestra mente no se siente bien y lucha por todos los medios para recuperar el estado de ‘equilibrio’ anterior.

 

Es parecido a lo que nos pasa con la música y los acordes consonantes y disonantes. Los primeros nos gustan, nos parecen bellos, redondos,… Pero por el contrario, los segundos nos crean una tensión no resuelta y nos quedamos como esperando a que el siguiente acorde vuelva a ser consonante, para resolver la situación y sentirnos de nuevo a gusto.

 

Cuando nos movemos en las zonas de grises y nos planteamos nuestras convicciones, estamos jugando en terreno de la disonancia. Y para resolver esta situación y volver al tranquilo estado de reposo, nuestro cerebro no escatimará en gastos, tirando de archivo y buscando experiencias o creencias personales que confirmen nuestra creencia inicial e inclinen de nuevo la balanza hacia la el estado polarizado, prejuicio o etiqueta.  Así de simple, así de eficaz.

 

Decía Pere Stupinya que en nuestra vida podemos actuar como científicos o abogados. Los científicos llegan a conclusiones a partir de los experimentos, mientras que los abogados intentan aportar datos que justifiquen sus conclusiones. En realidad nos comportamos como abogados la mayor parte de nuestro tiempo y pasamos el día nutriendo a nuestro cerebro de argumentos con el objetivo de mantener y reafirmar nuestras convicciones.

 

Los políticos conocen este hecho y fomentan esa polaridad: derechas o izquierdas, conservador o progresista… Y cuando aparece un partido nuevo que no se identifica claramente con ninguno de estos valores, es acusado por el resto de carecer de una ideología clara, con el fin de desacreditarlos y de mantenerlos en la zona de los grises, sitio en el que a los votantes tampoco les gusta estar.

 

¿Es bueno conocer estas limitaciones? Definitivamente sí. Aunque si además queremos vivir en le escala de grises tendremos que saber que es complicado, requiere esfuerzo y consume muchísima energía.

 

Hace tiempo Vorpalina también hablaba de ello en su blog y decía lo siguiente: “me sigue costando mucho esfuerzo y trabajo duro ser tan solo consciente de mi sistema de referencias, de mis prejuicios y de mis modelos mentales para -en la medida de mis humildes posibilidades- intentar que no me limiten demasiado. La gran victoria no es que haya desterrado por completo todo esto, sino que cada vez me afecta y condiciona un “poquito” menos.”

Comparto al 100% esa reflexión. El camino es difícil y cada paso hacia delante supone una pequeña victoria.

 

¿Estamos dispuestos a pagar el precio y salir de nuestra escala cromática de confort?

 

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  1. Bitacoras.com - 3 Diciembre, 2013

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